martes, 15 de mayo de 2012

La Romería del fuego

Esta Romería no se han podido ver las fogatas nocturnas en la zona de los chozos, puesto que hemos sufrido el azote de una ola de calor como jamás he visto en mi vida en el mes de mayo. Quizá por eso, he conseguido superar el dilema que venía sufriendo desde que se produjeron los cambios en la Romería y que no acababa de asimilar: la Romería actual está diseñada para vivirla durante la noche o mejor en plural, porque son dos. Seguramente me estaré haciendo viejo, sobre todo, tras la llegada de Miguel, que aprende ya a ser un romero que le dice "apa" a la Bella; digo que me estaré haciendo viejo, porque me resistía a digerir el cambio radical que ha sufrido la Romería que conocí en mi juventud. Sea como fuere, siempre nos quedará, como sucede cuando el pasado se agranda por la experiencia de los años, la añoranza de aquellas tardes de sábados de mil colores; de aquella larga madrugada en un pueblo ambientado de romería esperando las primeras claras del día para iniciar el camino; del medio día del domingo en un recinto repleto de romeros leperos y forasteros que se alargaba hasta bien entrada la madrugada en medio del rosario y de los fuegos de artificio; y de la mañana familiar del lunes, cuando te tomabas el café y la copa de aguardiente en pijamas en la puerta de tu casa, antes de hacer las últimas visitas a tus conocidos y prepararlo todo para el camino de vuelta. Lo confieso, me estoy haciendo viejo. Aunque me consuela saber que la vejez aún no se considera pecado.

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